Día de los abuelos-Abuela yaya

día de los abuelos - abuela yaya

Hoy es el Día de los abuelos. Al ver el hastag o almohadilla, para los que no son usuarios de twitter, ya sabía que quería escribir de ellos.

Quería escribir de la suerte que hemos tenido las personas que hemos no solo conocido a nuestros abuelos y abuelas, a los cuatro, incluso a nuestros bisabuelos. Sino que nos hemos criado junto a ellos.

Yo he sido una afortunada. Siempre los tuve ahí, y hasta hoy que sigo teniendo el calor del regazo de abuela yaya, de nuestra Rufi.

En el año 2009 fallecieron, con pocos meses de diferencia, mis dos abuelos, Domingo y Valentín. Fue un golpe, una sacudida de realidad, un curso de ley de vida acelerado.

Desde que se fueron algo en mí cambió, no sé si encontraré alguna palabra para explicar un sentimiento tan complicado, porque el vacío es obvio, la pérdida inevitable, y solo se me ocurre llamarlo cambio.

Durante mucho tiempo me costó hacerme a la idea de que al llegar a sus casa ellos no iban a estar allí, sentir su presencia, incluso mi mente me jugaba malas pasadas y me retrotraía a tiempos lejanos y me parecía que al llegar a casa iba a ver a mi abuelo Domingo en su murito observando quién sabe qué, o que al ir a casa abuela yaya iba a encontrar a abuelo Valentín sentado en su lado, en la mesa de la cocina tomando leche ordeñada por él , con gofio , tomada del mismo cazo donde la calentaba para empezar la faena.

Eso fue pasando y quedó el recuerdo y los bueno momentos, las fotografías para rehacer historias y contarlas junto al fogón en fechas navideñas.

Pero ahí siguieron ellas, las abuelas, Rufi y Luciana. Sus compañeros de vida ya no están y ellas siguen aquí y su vida sí que ha dado un revés. Abuela Luciana seguía perdiendo lo que le quedaba, que era el recordar, ya que el alzhéimer iba como un ladrón de poca monta robando su memoria. Ya no había más tazas de té a media tarde, y como ella me enseñó, con un poquito de gofio, ¡qué manjar! Y pasó de ser cuidadora a ser cuidada.

Y el año pasado, en julio, después de estar aferrándose a la vida, se marchó. Y otra vez, llegó esa sensación, ese vacío, el cambio.

No, no me he olvidado. Les he hablado de Rufi. Y Rufi sigue con nosotros y somos muy afortunados, ella es abuela yaya. Ella es la abuela que cuando venía cada mañana a visitarnos nos traía un chicle boomer a cada uno de nosotros. Ella es la abuela que ha aprendido a utilizar móvil, ella es la abuela que te llama el día de tu cumpleaños, que te llama cuando estás enferma, ella es la abuela que tenía una casa en la que mi prima y yo pasábamos muchos veranos, no, no en la playa, era al lado de nuestras casas, pero es que quedarnos a dormir en casa de abuela yaya y abuelo Valentín molaba. Fuimos niñas que hacíamos pis en una escupidera, mientras la naturaleza hizo lo suyo y tuvimos que pasar al baño, un baño que estaba fuera de la casa, y de noche, mientras estaba todo en silencio, oscuro, salías sin hacer mucho ruido y era toda una aventura.

Y era ahí, cuando casi de madrugada veíamos a abuelo tomar su cazo de leche y gofio para comenzar su trabajo.

Rufi cuidó de él, de abuelo Valentín, a él, el maldito Parkinson quiso privarle de una vida digna, y luchó, luchó pese a lo que los médicos predecían.

Son tantas las anécdotas con ella, es tanto lo que quiero traspasar con mi escritura…

Muchas veces, cuando Rufi se enteraba que tenía que ir al médico a hacerme una analítica, ella quería acompañarme. Yo soy algo tímida y mi abuela eso de la timidez como que con los años lo tiene superado. Pues al llegar me colaba, le decía al personal de turno que lo mío era urgente, y nunca tuve que hacer esas interminables colas que hacía el resto. Es una súper abuela. Al salir, íbamos a desayunar, y caminando siempre me dejaba atrás, no saben lo en forma que está. Y eso siempre me hacía reír.

Y no se crean que ha cambiado. Ella sigue teniendo esa fuerza, ese carácter. Cuando viene a comer a casa, y mi hermano la inoportuna no duda en tirarle una papa, un trozo de pan y todos reímos al ver que no pierde la puntería ni el buen humor.

Todos sabemos que ella también echa de menos a abuelo Valentín, y que a veces se emociona hablando de cuando ya no esté, pero no corras tanto abuela, que te necesitamos, y sobre todo abuela yaya, Rufi, tienes que saber que te queremos, que nos haces falta, que si quieres puedes acompañarme al médico y colarnos incluso, ya veremos luego si nos increpan. Porque cada segundo a tu lado es un momento atesorado.

 

 

Por si te perdiste el relato anterior:

http://www.isladeletras.es/wp-admin/post.php?post=656&action=edit

 

 

4 Comments on Día de los abuelos-Abuela yaya

  1. Eso es definir a una familia con mayúsculas, negrita y subrayada.
    Felicidades.

  2. Precioso relato. Siempre me trasladas a tiempos pasados en mi propia familia. Besos

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