‘La niña había muerto’-Relato

´la niña ha muerto´relatos bebés robados

Esa mañana recordé que tenía que salir a hacer la compra. Llevaba varias semanas recluida escribiendo y por mi nevera parecía que había pasado un tornado.
Al entrar al súper, una señora de avanzada edad me paró, se me quedó mirando fijamente. Sus pequeños ojos marrones se humedecieron, me dijo que le perdonara pero que me parecía mucho a su hermana pequeña que se llamaba Isabel, que había fallecido hacía dos meses y que era igual que ella a su misma edad.

Yo no pude sino dejarle que hablara, y escucharle. Asentía a lo que me decía y respondía a sus preguntas; que cuántos años tenía, que si era de aquí, que si mis padres vivían. La verdad es que tenía algo de prisa, pero su mirada y su tono de voz me impedían despedirme de ella.

Ese fue el primer día que la vi. No le pregunté su nombre. Había pasado una semana y al salir de casa tuve esa sensación, esa sensación que tienes cuando alguien te está observando. Debe ser instintiva, porque creo que a todos nos ha pasado. Lo notas.
Al cruzar y mirar a ambos lados de la calle la volví a ver, estaba allí, en la esquina, inmóvil. Me miraba. No le di importancia, aunque debo reconocer que recordé aquella conversación en el súper y su mirada.
Pero hubo muchos más encuentros, y ella, siempre, en el mismo lugar, en la misma esquina, en mi calle. Sin moverse, mirándome.
No me atrevía a acercarme, ella, simplemente, me observaba.

He quedado en que hoy voy a visitar a mi madre, comeremos juntas en su casa.
Mientras pongo la mesa le cuento lo que me pasa con esa extraña señora, le cuento la conversación en el súper.
Durante la comida mi madre está muy callada, casi no toma bocado. Le pregunto si se encuentra bien, y yo sigo contándole mi historia y haciéndome preguntas, y mi madre, que parece ensimismada en sus propios pensamientos, se levanta de la mesa con su plato casi lleno.
No le doy importancia. Desde que mi padre falleció y mi hermano tuvo que irse a vivir fuera, solo me tiene a mí.
Pasaron tres días en los que estuve encerrada en casa llenando páginas de mi novela. Pero me sentía atrapada, y necesitaba salir, caminar, hacer algo de ejercicio. Y allí, en el mismo lugar estaba ella. Sin pensarlo me acerqué, y le dije que si me recordaba. Y me dijo que sí, que si estaba allí era por mí.
La invité a subir a casa. La curiosidad me estaba matando, preparé café y nos sentamos.
-Me llamo María- me dijo sosteniendo la taza entre sus manos temblorosas.
Yo no hice preguntas, simplemente escuché su historia. María, ahora más tranquila, iba hablando de forma pausada, pero cuando nombraba a su hermana pequeña, Isabel, sus ojos se humedecían. Esta es la historia.

Isabel era la pequeña de seis hermanos. Se quedó embarazada con 25 años, de su novio José. Aún así las dos familias aceptaron que el bebé que venía en camino naciera, y que unos meses después los jóvenes se casarían. Llevaron el embarazo de Isabel de la forma más discreta posible, ya que en aquellos años, y en un pueblo pequeño ya se sabe.
Hasta que llegó el día en que Isabel se puso de parto. Los futuros abuelos y José la llevaron al hospital donde se había hecho sus revisiones durante el embarazo.
Pero una vez Isabel dio a luz, el doctor que la atendía y una monja que asistía al parto se llevaron de la sala a la niña. Isabel es lo único que pudo escuchar, que era niña. Y preguntaba desesperada que por qué no le dejaban ver a su hija, una niña que escuchaba llorar a lo lejos mientras la separaban de su lado.
El doctor que la atendió sedó a Isabel, y horas después llamó a sus padres y a José para darles la noticia. La niña había muerto.

Una vez que Isabel despertó una monja le llevó el cuerpo de su hija para que se despidiera.
La familia, Isabel y José estaban destrozados, y para evitarles más sufrimiento el médico les informó que todos los trámites los realizarían ellos mismos, incluso el entierro del cuerpo del bebé.

Mientas María me contaba esta historia, no pude evitar recordar la cantidad de casos que han salido en las noticias que coinciden con lo que ella me narra.
Pero María aún tenía algo más que decirme, su hermana Isabel antes de morir estuvo buscando a su hija, porque su caso era uno más de los bebés robados que se dieron en nuestro país. En la tumba donde supuestamente estaba enterrada la niña, no había ningún cuerpo. Ella fue engañada y el bebé no murió, pero nunca pudo encontrarla.
-¿Y qué puedo hacer yo por usted María?- pregunté cuando terminó de contarme la historia de su familia.
– Yo creo que tú eres la hija de mi hermana- dijo con lágrimas en los ojos y cogiéndome de las manos.
No les puedo negar que me quedé paralizada, pero sobre la marcha la tranquilicé y le conté que era la mayor de dos hermanos. Le conté quienes eran mis padres y que el parecido con su hermana simplemente era una casualidad.
-Hay algo más, no es que te parezcas, tienes la misma mancha en tu rostro, en el mismo lugar, la misma que mi hermana heredó de mi madre, y mi madre de mi abuela- dijo esta vez con voz firme, y me enseñó una foto de su hermana Isabel.
Se me cayó la taza al suelo, cuando vi la foto era mi viva imagen en blanco y negro. Y esa pequeña mancha que siempre pensé que me hacía especial parecía querer hablarme.

Me despedí de María, con la promesa de volver a vernos mañana. Y con el alma en la garganta conduje de manera instintiva hasta la casa de mi madre.
Le conté todo, de manera atropellada, sin orden y le enseñé la fotografía.
Mi madre se derrumbó, -le dije a tu padre que teníamos que contarte la verdad- me dijo entre sollozos.

Llevábamos casados dos años, y me quedé embarazada, a los ocho meses me puse de parto, y tu padre, los dos solos, asustados, aún no era el momento, corrimos hacia el hospital.

Llegamos, era el mismo donde me habían hecho todas mis revisiones, y una monja me recibió e inmediatamente me llevó a quirófano, algo no iba bien.
Cuando desperté de la anestesia, tu padre estaba a mi lado, y allí estabas tú, sana, un milagro. Todo había salido bien. Al tercer día de tenerte me dieron el alta y nos fuimos a casa.

Yo no recordaba nada del parto, y empecé a preguntar a tu padre, había estado muchas horas dormida, anestesiada, no tenía leche en mis pechos para alimentarte. Y tu padre se pasaba las noches en vela, estaba distante, cuando le hacía preguntas se ponía furioso.

Pasaron unos meses y te llevamos al hospital a una revisión, y le pregunté al médico si debía preocuparme por la mancha de tu cara. Imagina, primeriza, un parto por cesárea, cualquier cosa me parecía un mundo. A lo que el médico, un joven nuevo en el hospital, contestó:- esto es una marca de nacimiento, suelen ser hereditarias-.

Yo no le di importancia a aquel comentario, pero tu padre que llevaba muchas noches sin dormir, al llegar a casa se derrumbó. Y me lo contó todo.

Cuando me llevaron a quirófano perdí al bebé. Un médico y una monja que conocían a tu padre de llevarme a las revisiones cada mes, lo llevaron a un despacho y le dijeron que una mujer joven había dado a luz a una niña esa misma noche, pero que no se podía hacer cargo de ella. Que como ayuda al hospital si tenía doscientas mil de las antiguas pesetas, esa niña sería nuestra, y que nadie, ni siquiera yo, me tendría que enterar. Tu padre había ahorrado para cambiar de coche durante meses, y no se lo pensó. No soportaba la idea de tener que contarme que habíamos perdido al bebé.

Después de muchos años, empezaron a salir en los informativos las historias de tantas familias de bebés robados, y nombraron el hospital, el médico y la monja con la que tu padre trató esa noche.
Y desde ese día su salud empezó a empeorar, su conciencia le estaba matando, no dormía, no comía y ahogaba el remordimiento en la bebida. Pero me hizo prometer que no te lo contaría.

Ha pasado un año desde que sé que fui una niña robada. Hoy he sentado en un banquillo al médico que se dedicó durante años a vender niños y a jugar a ser dios.
Mi tía María vive con mi madre, y vamos juntas a poner flores a la tumba de mi otra madre, Isabel.

6 Comments on ‘La niña había muerto’-Relato

  1. Muy bueno. Ficción que podría ser la cabecera de cualquier informativo.

  2. Me ha tenido el relato enganchada hasta el final!! Enhorabuena

  3. Impresionante, y desgraciadamente retrata con toda crudeza y dramatismo una realidad vergonzosa. Isabel: has bordado la historia. Continua escribiendo.

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