Jugar a “asustar”- Miedo

jugar a asustar miedo

Cuando era pequeña no había tradición, al menos en mi colegio, de celebrar Halloween . No había disfraces, ni calabazas que dieran miedo. No tengo ningún recuerdo que reseñar.

En Canarias, me cuentan que existían o existen los finaos, finaos o finados significa muertos, y la tradición dice que las familias se reunían y la mujer de más edad contaba historias de los que ya no estaban. Así, sobre todo los más pequeños, recordarían siempre a esas personas a las que nunca o poco conocieron. Todo esto se hacía al fuego de unas castañas, almendras, un buen vino y demás manjares propios de la época otoñal.

De esto tampoco tengo recuerdos, sí que me llega aún el olor a castañas asadas, a noches al calor del refugio de la familia.

Pero no puedo decir que eso sucediera un 31 de octubre, ni que ese día se hablara de finados, pero si que otros muchos mis abuelos, tías, padre, abuelas, madre me contaran historias de los que se fueron y ya no estaban al calor del fuego.

Y todo lo que yo quería contar con esto del miedo, era que en algunas ocasiones, mis hermanos y yo, los cuatro, inventábamos juegos de los más diversos. Desde las olimpiadas con los botes de detergentes de la marca Colón como la prueba de salto de vallas, hasta jugar a “asustar”. Siendo este el preferido de mis hermanos mayores. Había tardes en las que mis padres a lo  mejor iban ” a hablar con los Reyes Magos” y nos quedábamos en casa, y aprovechando la oscuridad del horario de invierno apagábamos todas las luces de las habitaciones, cogían , ellos, los mayores, el saco de la risa que tenía mi padre; un artilugio medio blanco en forma de saco que al apretar soltaba el sonido de una risa maligna: “ja,ja,ja”

Ellos se escondían, y yo, porque creo que mi hermano pequeño no tenían aún la edad para este juego, les buscaba, o mi memoria así ha decidido recordar. Y cuando estaba a punto de encontrarles , apretaban el dichoso saco y yo me moría de miedo y salía corriendo, con las consiguientes risotadas de mis hermanos, que no podían aguantar , no sé si ya en un acto de bondad fraternal  terminaban por salir de su escondite, encendían la luz y les veía como sus risas iban en aumento al ver mi cara.

Y así, repetíamos la jugada hasta aburrirnos de tanto reír y yo de tanto ver cómo reían. No es que  cualquier tiempo pasado fuera mejor, pero eran simplemente, otros tiempos.

2 Comments on Jugar a “asustar”- Miedo

  1. Juegos caseros que eran divertidos. Otros tiempos.

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